
No es que se repita la historia,
es que la oligarquía de este país afinó un método para conservar el país, que trae diversidad de maneras, desaparición
forzada, eliminación programática de líderes de oposición, violación y
sometimiento del “otro” como herramienta de intimidación y control, etc.
Pero los diarios no son tan
viejos, sus hojas no están tan gastadas, las noticias de ayer, no son lejanas,
brindándoles un poco de color y resistencia al papel, la realidad sigue siendo
la misma.
Indigna, realmente esta situación,
pero sorprende nuestra inmovilidad y la manera tan llena de violencia con la
cual pensamos, con la cual tomamos las decisiones. Y la manera como la gran
mayoría defiende las posiciones guerreristas del poder.
Pero hoy, con la destitución y
bloqueo burocrático (pues políticamente esta fortalecido), de Gustavo Petro se revuelve
ese sentimiento de “no más”, con el cual muchos convivimos, siendo yo, una
persona que desde muy joven (y lo sigo siendo) me he dedicado a la organización
comunitaria, a explorar la educación popular, a formarme en los libros y a
pulirme en la acción.
Pero de verdad, ¿la oligarquía
lumpen de este país piensa que puede tomar una decisión tan descarada y
retadora y la masa crítica de la que hago parte decida quedarse quieta sin tan
siquiera mover un dedo y nos quedemos asustados en un rincón, al otro lado de
la pantalla, con miedo por sus herramientas macabras?
Pues no, no será la inmovilidad
nuestra manera, será la acción cualificada la que desarrollemos en los
barrios, veredas, casas, caminos, en las selvas, y por supuesto en la
plaza de bolívar, bueno siempre he pensado que cuando por fin, se llegue a la plaza
de bolívar sea para sacar de esas casas circundantes a esas personitas que
viven y holgazanean en ellas para acabar con esa institución política llamada
Estado.
No somos ese pueblo estúpido que
piensa que somos, no nos controla la violencia, ahora somos esperanza andando aun
cuando los caminos sean difíciles y pedregosos, es que el asunto de la
destitución de Petro no es más que el detonante, de una acumulación de rabia de
décadas y décadas, casi transmitida genéticamente, de abuelos a padres desplazados y a hijos desplazados
que ya no quieren más dolor, ni sufrimiento, para ellos, para sus hijos o
nietos.
Pero también se movió la ciudad
con el paro agrario, se ha movido con diversidad de acontecimientos que cada vez
más y más indignan. Pero nos movemos de una manera similar año tras año. La
oligarquía ya nos cogió el ritmo, nos cogió el paso y se adelantan fácilmente a
muchas de nuestras acciones.
“Movilización por x motivo, del
parque nacional a la plaza de Bolívar”, y así con cualquier asunto relevante
usamos la misma táctica: “por favor no me exijan más coherencia solo marchando y finalmente llegando a la plaza de
Bolívar” esta va para todos los días del año. Ahora sí, exijo coherencia a muchas
organizaciones, procesos, colectivos, personas y funcionarios, a seguir
haciendo sin desfallecer en un propósito común más allá de la coyuntura, a no
usar esta destitución como escenario electoral mediático para cada uno de nuestros
fines electorales, a pronunciarse así sea con señales de humo, rechazando las
acciones de esta oligarquía representadas en monseñor procurador.
Tendremos que ir con la fuerza
que exige el momento, pero también con el pensamiento tranquilo de nuestro
largo aliento, pues como lo nombró Gustavo Petro, “esto hasta ahora empieza”,
se trata de algo para rato, algo que yo nombraría un movimiento social. Un
movimiento social que se solidariza con el proyecto político de la Bogotá
Humana, pero también con la madre naturaleza, con las diversidades sexuales y
de género, con los distintos pueblos y culturas de nuestro país…perdón utilicé
mal la expresión, no un movimiento que se solidariza, un movimiento que es.
Somos en síntesis: diversidad, no
tenemos otra salida que entendernos así, diferentes tal cómo somos, la paz
entonces, propiamente no se define en la Habana, la paz se define en cada
territorio, se define cuando por fin los y las diversas podamos construir una
común-unidad, con propósitos encaminados a la trasformación de nuestras
existencias, ¿por qué pelean entre sí los pueblos indígenas?, ¿somos tan
antagónicos para no resolver los disensos?, ¿Por qué dejamos las diversidades
sexuales y de género, como último tema de la agenda, como irrelevante?, ¿Por
qué negamos desde nuestra identidad nuestra condición, nuestra clase obrera?
Pero esos desencuentros se
resuelven en las propuestas que hagan en el hoy, el mundo que queremos en el
mañana. El desencuentro se resuelve en el encuentro, desde la cocina, desde la
siembra, desde el trabajo colectivo, caminando y conociendo el territorio. Así
pues nos reconocemos, de pronto así dejemos nuestra tendencia a dedicarnos al
“sector” a la agenda del sector, a la política pública del sector, olvidando la
integralidad humana que nos compone.
Aplaudo la iniciativa de
conformar este movimiento social, que se solidarice con la Bogotá Humana, pero
que vaya más allá, es un camino largo y difícil, pues ellos, esos señores de la
ambición no van a dar ni tantica ventaja, por eso hay que cualificarse, conocer
el territorio, caminar más, leer más, descubrir nuestra espiritualidad y con
ella nuestra fortaleza mental y física, adelante, desde el Tunjuelo, para el
planeta.
León.